Una contribución al módulo historia y orígenes del yoga.

En una gran parte de los materiales escritos (libros, artículos y textos) que buscan contar la historia del yoga es perceptible la predominancia de referencias y citas sobre maestros yoguis del sexo masculino. En contrapartida, se observa la completa ausencia de referencias sobre maestras yoguinis destacadas como importantes en la historia del yoga, sea en su origen, en su desenvolvimiento o en la manutención de esta cultura milenar.

La ausencia de referencias femeninas normalmente esta vinculada a la información, no textual o escrita, de que la participación de las mujeres en los espacios yoguis estaba prohibida. Incluso se refuerza a menudo la idea de que las mujeres no podían practicar yoga hasta muy recientemente cerca de 50 ó 60 años atrás. La posible interdicción de la participación de las mujeres en la práctica del yoga explicaría y consecuentemente, justificaría la ausencia de referencias sobre las mujeres. Así incorporamos, casi naturalmente, que de hecho las mujeres no tuvieron un papel importante en la historia del yoga en sus orígenes y por eso no están citadas en los documentos escritos.

Yo misma creí en esas historias, pero me di cuenta de que la historia del yoga podría tener raíces muy cuestionables en lo que se refiere a su relación con las mujeres, en varios sentidos. Entonces empecé a investigar sobre estas historias que se cuentan sobre los orígenes del yoga. No necesité ir muy lejos y luego allí, en internet, encontré buenos artículos con base en investigaciones científicas que buscan desconstruir las historias corrientes sobre los orígenes del yoga, que por casualidad es un módulo de mi curso de formación de instructores(as).

La invisibilización, la exclusión de la participación y restar importancia a las mujeres en la historia no es exclusiva al universo yogui, está en prácticamente todas las narrativas históricas que aprendemos desde niños(as) y que, por supuesto, fueron predominantemente contadas por hombres.

Quiero comentar aquí un artículo muy interesante escrito por Danielle Olson sobre el trabajo de investigación de dos historiadoras feministas: Vicki Noble y Monica Sjoo. El documento presenta evidencias muy significativas de la existencia de una práctica de yoga centrada en la mujer y que es mucho más antigua que los yoguis védicos en miles de años. Estas evidencias datan, nada menos, que del período Paleolítico Superior y del Neolítico, es decir, de 6.000 (A.C.).

Noble, apoyada en registros históricos y arqueológicos, demuestra de forma muy consistente la tesis de que el Hatha Yoga creció de las raíces del Tantra. En otras palabras, el Hatha yoga, el sistema más reconocido en el yoga moderno y occidental, tendría sus orígenes en el Tantra Yoga.

La investigadora presenta imágenes de sacerdotisas femeninas que se difunden en los artefactos y estatuillas de la Vieja Europa y de Asia (6.000 A. C.). Estas imágenes, esculturas, sellos y figuras retratan a mujeres en posturas corporales muy similares a las de las posturas del yoga. Muchos de estos objetos presentan mujeres sentadas con los ojos cerrados, las piernas cruzadas unas sobre las otras o de pie con los pies juntos y los brazos levantados.

Estas evidencias pueden desmontar, por ejemplo, la tesis de muchos estudiosos del yoga, de que el descubrimiento de un sello en el Valle del Indo (representando a un hombre sentado en lo que ahora nos referimos, Padmãsãna – Postura da Flor de Lótus) es la primera referencia histórica al yoga. Pero, como demostró Noble, hay muchas imágenes, sellos y figuras semejantes retratando mujeres en posturas corporales rituales similares al yoga – y muchas de ellas son mucho más antiguas que las que se encuentran en el Valle del Indo.

Mónica Sjoo, historiadora y investigadora de la practica Kundalini, defiende la tesis de que el concepto de elevar la energía de la Kundalini, fundamental para la filosofía y práctica del yoga, se originó con sacerdotisas yoguis también de origen prehistórico. Ella presenta figuras prehistóricas que muestran mujeres fundidas con árboles, con serpientes enrollándose alrededor de sus cuerpos y emergiendo de sus cabezas.

En ese contexto Noble y Sjoo concuerdan que, con el avance de la cultura patriarcal, las técnicas y las prácticas yoguis de las mujeres fueron gradualmente engullidas por las prácticas ascéticas de los hombres. Las mujeres y sus funciones biológicas pasaron a ser negativamente equiparadas a la vida del cuerpo y luego, los ritos femeninos fueron completamente prohibidos. Yoginis se convirtieron en “brujas” y “demonios”. Sin embargo, según las autoras, todo ese conocimiento no fue extinguido, fue apropiado por una élite espiritual – el sacerdocio brahmán – convirtiéndose en un conocimiento secreto, no comunitario y revestido en un nuevo ropaje.

Otro importante investigador de la cultura yogui, Ramesh Bjonnes, también corrobora la misma tesis de Noble y afirma: “Si hablamos del yoga como práctica espiritual, su fuente es el Tantra prehistórico, no los Vedas. Para él parece también muy convincente que el yoga o el antiguo Tantra Prehistórico surgió del xamanismo y no de la tradición sacerdotal védica, como la mayoría de los yoguis occidentales creen. Se destaca que las prácticas xamânicas de la Prehistoria eran usuales y centralizadas en las mujeres.

El autor elabora tres importantes argumentos que refuerzan aún más la existencia y presencia de yoguinis en la historia del yoga. Los dos primeros se refieren al libro más importante del yoga los Yoga Sutras de Patanjali.

Demuestra, primeramente, que no hay ninguna referencia en los contenidos del Yoga Sutras proclamando que las mujeres no pueden o podían practicar yoga. Segundo, que los Yoga Sutras no es un libro sobre prácticas. Es sobre todo un tratado filosófico acerca de los ocho miembros del yoga y la práctica de las posturas es sólo uno de ellos.

El yoga no es sólo la práctica de las posturas físicas, el yoga es también la práctica de la meditación, la práctica de cantar, orar, estudiar las escrituras, etc. Esto significa que si incluimos a las personas místicas -las que meditan, cantan canciones devocionales, practican soledad, ayuno y otras austeridades espirituales- en lo que consideramos como yoguis el número de practicantes de yoga del sexo femenino puede haber sido considerablemente mayor en el pasado de la India de lo que se cree hoy.

Y tercero, Bjonnes, destaca la importancia del rescate de la historia oral en el contexto del yoga a fin de traer a la superficie aspectos de esa historia que fueron borrados de los registros escritos, como por ejemplo la participación de las mujeres en ese escenario. Él comenta que mucho de lo que se demuestra hoy sobre la historia de la cultura yogui está basada en los registros escritos y en los libros, como si toda la práctica del yoga hubiera comenzado en la época en que las primeras literaturas yogues fueron publicadas.

De acuerdo con sus estudios en India y Nepal, teniendo como base metodológica la tradición oral, Bjonnes afirma que el yoga tiene miles de años y el Hatha yoga ha sido practicado de alguna forma desde los primordios y que esas prácticas también eran practicadas por las mujeres. En lo que se refiere al posterior desarrollo del yoga, Bjoones observa, contrariando muchas teorías, que las mujeres siempre tuvieron permiso para practicar yoga en la India, al menos dentro de la cultura tradicional, donde el Tantra ha sido influyente – como en Bengala, en Cachemira y en partes del sur de la India. Con esto, afirma que si nosotros, yogues y yoguinis modernos quisiéramos conocer más sobre la historia de la práctica y de la cultura yogui es fundamental incluir la historia oral del yoga en ese contexto.

Creo que estos argumentos van mucho mas allá de la simple argumentación dualista sobre quien invento el yoga -el hombre o la mujer-. Ellos traen una posibilidad real de reescribir la historia sobre los orígenes del yoga, colocando a las mujeres en un centro no exclusivo, de esas narrativas históricas. No exclusivo porque la cultura tántrica, aun siendo interpretada como una cultura matriarcal, los hombres y las mujeres podían ejercer igualmente la función de maestros (as) de yoga. A diferencia de la cultura védica, en la que sólo los hombres podían ser maestros.

Estos estudios nos llevan también a una posibilidad interpretativa de que parte de estos mitos sobre la no participación de las mujeres fueron generados en el marco de la mezcla de dos culturas patriarcales, como la hindú y la occidental. Nótese que la cultura yogue fue traída o importada mayoritariamente por hombres y que la desarrollaron aquí en occidente norteados, sobre manera, por los dogmas védicos. Los dogmas védicos, en la India, son en grande parte responsables por la forma desigual como las mujeres son tratadas, y consecuentemente, por el sexismo y el machismo presente hace siglos en esta sociedad.

Con todo, lo que más me gustaría llamar la atención del contenido de estas investigaciones es sobre la necesidad -que veo urgente- de construir nuevas narrativas sobre la historia del Yoga y sobre todo sobre el papel de las mujeres en ese contexto.

Esta muy claro que existe una brecha de informaciones en los materiales, libros y textos que abordan los orígenes y la historia del yoga y sobre el papel de las mujeres en ese contexto. Afirmo que esta situación necesita ser reparada, trayendo a la superficie el trabajo de mujeres notables -antiguas y modernas- como practicantes y como contribuyentes al mantenimiento y difusión de la tradición del yoga.

Necesitamos, en estos documentos, registrar y reconocer aspectos de la historia del yoga que fueron borrados y olvidados. Y así, transmitir ese conocimiento a las miles de mujeres que practican yoga en este preciso momento y en el mundo. Buscando afirmar que las mujeres han sido gurús, maestras, curanderas, yoguinis y diosas desde el comienzo de los tiempos.

Así, llego a una conclusión definitiva: es fundamental explorar cuidadosamente las antiguas raíces e historias del yoga y el significado real del papel ejercido por las mujeres en el pasado y hoy, en el desarrollo y en la manutención del yoga. Sin eso, no creo que yo pueda practicar un yoga realmente inspirador y verdaderamente eficaz.

Fontes:

Allen, Samantha. Is Yoga a girl thing? https://www.doyouyoga.com/is-yoga-a-girl-thing/

Bjonnes, Ramesh. Yoga and women: Dispelling one big myth. https://www.elephantjournal.com/2010/10/dispelling-one-big-myth-about-women-and-yoga-ramesh-bjonnes/

Dinsmore-Tuli  Yoga Shakti: Una guía para las mujeres sobre poder y liberdad através del Yoga y del Tantra.

Dubrovsky, Anna. In loving gratitude: a tribute to four women who revolutionized yoga.

https://yogainternational.com/article/view/in-loving-gratitude-a-tribute-to-four-women-who-revolutionized-yoga

Olson, Danielle. Did women invente yoga? https://bodydivineyoga.wordpress.com/2011/02/25/did-women-invent-yoga/

Shaw, Eric. A short history of women in yoga in the West. http://www.yogawoman.tv/yoga-resource-articles/a-short-history-of-women-in-yoga-in-the-west

Tyler, Alyson. Women, yoga history and new understandings. https://alysonyoga.wordpress.com/2016/03/06/women-yoga-history-and-new-understandings/

 

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